/ CSI

El último café

Alicia, profesora de instituto, tenía por costumbre visitar la cafetería de la plaza día tras día al finalizar su jornada laboral, pues solo en aquel lugar elaboran el café de la manera que ella consideraba correcta.

Siempre sentada a la misma mesa, siempre atendida por la misma camarera, siempre recibida con un café con leche espumosa vertida en mesa y una galletita en el flanco de la taza.
Sin embargo, aquel funesto día se daría por concluida su tradición, truncada por el infortunio de su muerte.

La barista, encargada de preparar el café, cuando se disponía a agradecer la visita de la mujer con una chocolatina de parte de la casa, encontró el cuerpo sin vida de la profesora de historia. Con un leve bigote de espuma de la leche en el rostro y el carmín de sus labios plasmado en el borde la taza, la mujer yacía recostada en la butaca. En su costado se esparcían los exámenes del último test, donde descubrió el nombre del hijo de su compañera asomando entre el desorden, pero destacado por la maraña de trazos rojizos que surcaban el folio.
Ciertos vapores emanaban aún del café ya atemperado, elevándose en los aires hasta perderse en el silencio del comedor, como el último aliento, la última bocanada.